Cuando alguien paga con el móvil en una tienda, sin tocar el datáfono, está usando la misma tecnología que hace posible activar una etiqueta de seguimiento con un simple gesto. Se llama NFC, y aunque se asocia sobre todo a pagos, tiene un uso mucho más amplio del que parece.
Una etiqueta NFC (Near Field Communication, o comunicación de campo cercano) es un pequeño chip con antena integrada, capaz de intercambiar información con un móvil u otro lector compatible cuando se acercan a pocos centímetros de distancia. No necesita batería propia, se alimenta de la energía que le transmite el propio lector en el momento del contacto, lo que la hace mucho más simple que un dispositivo GPS o Bluetooth.
Físicamente suele presentarse como una pegatina fina y flexible, aunque también existen versiones más resistentes en forma de tarjeta, llavero o disco adhesivo pensado para superficies curvas o metálicas.
El proceso ocurre por inducción magnética. Cuando un móvil con NFC se acerca a la etiqueta, genera una pequeña corriente eléctrica en su antena, suficiente para despertar el chip y que este transmita o reciba datos. Todo el intercambio dura una fracción de segundo, y no requiere conexión a internet ni emparejamiento previo, basta con el gesto de acercar los dos dispositivos.
La tecnología NFC no se limita a leer etiquetas, admite tres modos de trabajo distintos:
Las etiquetas NFC que se pegan a un bulto o un producto trabajan siempre en modo lectura/escritura, el más simple y el que no requiere que el chip tenga ningún tipo de inteligencia propia.
Es uno de los usos más extendidos fuera de los pagos, sustituir una tarjeta o una llave física por un simple gesto. La etiqueta puede abrir una puerta, activar una cerradura inteligente o desbloquear un torno de acceso, siempre que el lector reconozca el identificador grabado en el chip.
Acercar el móvil a una etiqueta puede conectar automáticamente a una red wifi, activar el modo avión, silenciar el teléfono al llegar a una reunión o cambiar el perfil del móvil según la ubicación, sin tener que navegar por los ajustes manualmente.
En packaging, una etiqueta NFC puede abrir una web, reproducir un vídeo o mostrar información ampliada del producto en cuanto el cliente acerca el móvil a la caja, sin necesidad de imprimir un código QR visible.
En ferias, conciertos o eventos corporativos, las pulseras o tarjetas NFC permiten registrar la entrada de cada asistente con un simple toque, sustituyendo el escaneo manual de una entrada o un listado en papel.
No todas las etiquetas NFC son iguales por dentro. Los chips más habituales en el mercado son de la familia NTAG, y se diferencian sobre todo por la memoria disponible:
El coste por unidad es bajo, entre 0,20 y 0,30 euros por etiqueta en compras al por mayor, lo que la convierte en la opción más económica para activar un dispositivo frente a otros mecanismos de puesta en marcha.
Grabar una etiqueta NFC no requiere conocimientos técnicos, solo un móvil compatible y, en la mayoría de los casos, una aplicación gratuita.
Desde iOS 13, cualquier iPhone puede leer una etiqueta NFC simplemente acercando la parte superior del móvil, sin necesidad de abrir ninguna app. Para escribir en una etiqueta hace falta una app compatible con Core NFC, como la misma NFC Tools, disponible también para iOS.
Antes de grabar, conviene comprobar la capacidad de memoria de la etiqueta para asegurarse de que admite el tipo de dato que se quiere almacenar, y si se quiere evitar que el contenido se pueda sobrescribir después, la mayoría de apps permiten bloquear la etiqueta una vez grabada, un paso que conviene dar siempre que la etiqueta vaya a activar un dispositivo y no se quiera modificar después.
Ese mismo gesto tiene una aplicación distinta a la habitual, la activación. En lugar de usar el NFC para leer un dato fijo, se usa para poner en marcha un dispositivo y vincularlo a un pedido concreto en el momento exacto en que se coloca sobre un bulto o un palet. Acercar el móvil convierte una etiqueta inerte en un dispositivo activo, listo para empezar a transmitir información sobre esa mercancía.
Es una diferencia importante frente al uso más conocido del NFC en identificación de inventario, aquí no se trata de leer un stock fijo con un lector instalado, sino de un gesto puntual que arranca el seguimiento de un envío concreto, sin necesidad de configuraciones adicionales ni de conexión previa.
El NFC, por sí solo, no tiene forma de saber dónde está algo una vez activado, su función se limita al momento del contacto. Lo que ocurre después, el seguimiento de la posición durante el trayecto, depende de otra tecnología, GPS o Bluetooth. El NFC no compite con ellas, las precede, es la puerta de entrada que pone en marcha todo lo demás con un simple gesto.
Se puede reutilizar. La mayoría de chips NFC admiten miles de ciclos de escritura, así que la misma etiqueta puede reprogramarse con una acción distinta cada vez, salvo que se haya bloqueado deliberadamente tras la primera grabación.
No. Está presente en la mayoría de gama media y alta desde hace años, pero algunos modelos de gama muy básica siguen sin incluirlo, conviene comprobarlo si el proceso depende de que lo lea cualquier repartidor o cliente.
Sí, siempre que el material no sea metálico ni demasiado grueso. Cartón, plástico o papel no bloquean la señal, pero una lámina de aluminio o una superficie metálica sí puede impedir la lectura.
Si el daño afecta a la antena impresa, la etiqueta deja de funcionar por completo, no hay forma de leerla parcialmente. Por eso las etiquetas pensadas para logística suelen llevar un laminado protector frente a humedad y rozamiento.
Las etiquetas básicas sin cifrado se pueden copiar con el equipo adecuado, igual que ocurre con el RFID pasivo. Para casos donde la autenticidad importa, existen chips NFC con funciones de autenticación criptográfica que hacen mucho más difícil duplicar la etiqueta.
No en el momento de la lectura, el intercambio entre el chip y el móvil ocurre de forma local. Lo que sí puede necesitar conexión es la acción que se dispare después, como abrir una URL o enviar un dato a una plataforma en la nube.